Revista de Vino de Montilla Moriles

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Un estudio de cinco años ofrece nuevos datos sobre los patógenos que amenazan la producción de Gordal sevillana

Neofusicoccum mediterraneum y Comoclathris incompta son los nombres de los dos hongos que traen de cabeza a los productores de aceituna Gordal sevillana y aunque su denominaciones científicas ni se mencionen en el campo, el efecto de su acción hizo saltar las alarmas hace varios años y provocó la actuación de los patólogos de la Universidad de Córdoba. El grupo de Patología Agroforestal que dirige el profesor Antonio Trapero ha pasado 5 años tratando de entender qué era lo que estaba provocando la seca masiva de ramas en el olivar de Gordal en el sur de España y Túnez. La conclusión, publicada el pasado mes de febrero en la revista Plant Disease, es que son esas especies de hongos citadas y no otras las que están provocando la enfermedad, que afecta a una de las variedades de aceituna de mesa más populares a nivel internacional. No en vano, la producción de gordal a nivel mundial sitúa a España  como gran productor de la aceituna de mesa más apreciada.

El hallazgo supone estrechar el cerco a una patología para la que había más de una treintena de sospechosos. Y es que estudios previos, algunos de ellos realizados en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, habían detectado la presencia de otros hongos en los árboles afectados por seca o muerte de ramas. Sin embargo, según aclara el estudio publicado, realizado en plantas vivas y en diferentes momentos del año y no sólo en el laboratorio, el efecto letal sólo lo consigue la acción de esas dos especies cuando entran en las heridas –chancros, según la terminología fitopatológica- provocadas principalmente en el momento de la recolección. El estudio también supone un notable avance en el conocimiento de la susceptibilidad que presentan las principales variedades de aceituna de mesa a estos hongos.

Según explica Trapero, el paso siguiente de los investigadores de la Universidad de Córdoba será seleccionar por su eficacia los  productos fitosanitarios que ya existen en el mercado y que han demostrado su efecto contra hongos similares en otros árboles, de forma que el olivarero pueda tratar sus olivos con ciertas garantías. De momento, los ensayos se han realizado in vitro, por lo que Trapero advierte que habrá que esperar a los resultados en plantas vivas.  En este sentido, el trabajo habitual de los fitopatólogos de la Universidad de Córdoba comprende el estudio del problema sanitario desde su origen, localizando al agente que causa la enfermedad como en el trabajo citado, así como el análisis epidemiológico de la enfermedad, su control y su posible tratamiento.

El grupo de Patología Agroforestal de la Universidad de Córdoba cuenta con un equipo de más de 20 investigadores y tiene en su haber decenas de publicaciones y proyectos nacionales e internacionales relacionados con las enfermedades más conflictivas de cultivos como el olivar, el almendro, el pistacho o el nogal, además de las principales especies forestales del área mediterránea.  Entre las enfermedades que han contribuido a frenar los trabajos de este equipo, en permanente contacto con el sector productivo, se encuentran los repilos y la verticilosis del olivar, ola seca de la dehesa, graves problemas no sólo económicos sino ambientales.

Publicado en Agricultura

Investigacion de la universidad de cordobaMitigar el cambio climático, mejorar la producción de los cultivos y dar salida a residuos vegetales como los procedentes de la poda del olivo. ¿Es posible “matar” estos tres pájaros de un tiro? La respuesta podría estar en el biochar.

·         El biocarbón es un carbón vegetal que puede contribuir al secuestro de carbono y mitigar el cambio climático.

·         Los investigadores estudian su capacidad para aumentar la fertilidad del suelo y mejorar la producción de cultivos agrícolas.

·         Un equipo de científicos de la Universidad de Córdoba ha estudiado el efecto de biocarbón procedente de distintos residuos vegetales sobre las propiedades del suelo y el crecimiento de plantas de trigo y girasol.

 

UCO | 11 de mayo 2015

El biocarbón o biochar es un producto similar al carbón que se produce por el calentamiento de materia vegetal en una atmósfera pobre en oxígeno. Por este procedimiento, denominado pirolisis lenta, alrededor del 50% del carbono de la biomasa queda almacenado en el biocarbón, por lo que resulta un material muy interesante como sumidero de CO2 que contribuya a reducir el efecto invernadero.

El uso del biocarbón no es nuevo, y el estudio de los suelos amazónicos conocidos como “Terra Preta” nos revela que es un material muy estable que puede permanecer en el suelo entre 500 y 7000 años. Además, se trata de suelos muy fértiles, que sugieren que el biocarbón podría mejorar la producción agrícola. Por eso, los científicos están empezando a estudiar las características del biocarbón procedente de distintos residuos vegetales y sus efectos sobre las propiedades del suelo y el crecimiento de las cosechas. Dos recientes trabajos publicados por investigadores de la Universidad de Córdoba nos revelan algunos de ellos.

 

Más crecimiento para las plantas

En el primer trabajo, publicado en la revista Biology and Fertility of Soils, los científicos analizaron el efecto de la adición de biocarbón producido a partir de restos de poda de olivo sobre el cultivo de trigo. Para ello dividieron una parcela experimental en bloques: a la mitad de ellos se les añadió biocarbón en una cantidad de 4 kg/m2, mientras que la otra mitad no recibió tratamiento.

Los resultados revelaron que la adición de biocarbón aumentó la capacidad de retención de agua del suelo y redujo su grado de compactación. “La mejora de las propiedades físicas del suelo puede tener un papel decisivo en climas secos como el mediterráneo, en el que la baja disponibilidad de agua es un factor limitante para la agricultura”, explican los autores.

Además, los suelos que recibieron tratamiento de biocarbón también aumentaron su contenido en nutrientes. “Vimos que el biocarbón actúa como si fuera una esponja que retiene los nutrientes. Y, aunque no lo observamos directamente, parece que las plantas desarrollan una mayor proporción de raíces finas que envuelven al biochar”, explica Rafael Villar, profesor de Ecología en la Universidad de Córdoba y uno de los autores del estudio. “Las raíces finas hacen que la planta asimile mejor los nutrientes y el agua, y esto desemboca en un mayor crecimiento de la planta”. Todos estos cambios han podido ser responsables del aumento en un 27% de la producción de trigo en las parcelas tratadas con biocarbón.

 

El efecto del biocarbón, diferente según su origen

En otro trabajo, publicado en la revista Journal of Plant Nutrition and Soil Science, los autores evaluaron el efecto del biocarbón procedente de diferentes orígenes (huesos de aceitunas, cáscaras de almendra, paja de trigo, astillas de madera de pino y poda de olivos) sobre plantas de girasol cultivadas en un invernadero experimental en el que se contralaban las condiciones ambientales.

Los resultados revelaron que el efecto del biocarbón es diferente según el origen de este. “Algunos son muy porosos, como el que proviene de la paja de trigo, mientras que otros como el de hueso de aceituna son más densos, y esto tiene consecuencias sobre la densidad del suelo, explica el investigador”. Por lo tanto, si bien el biocarbón tiene mucho potencial para mejorar la productividad de los suelos agrícolas, “su uso debe basarse en las propiedades específicas de cada biochar, prestando especial atención a su efecto sobre la disponibilidad de nutrientes en el suelo”, explican los autores del trabajo.

 

¿Es rentable fabricar biocarbón?

Lo que está claro es que el uso del biocarbón podría traer grandes beneficios. “Ahora mismo la poda del olivo se tritura y se devuelve al campo. Como consecuencia se descompone y el CO2 se libera a la atmósfera. Y si hay enfermedades, al molerlo se pueden expandir por el suelo. Con el biocarbón te ahorrarías la emisión de CO2 y la difusión de plagas, además de mejorar la producción agrícola”, indica Villar.

El reto actual es conseguir que la producción de biocarbón sea económicamente viable. “Ahora mismo se trabaja en el desarrollo de maquinaria que permita hacer el biocarbón in situ, igual que sucede con las trituradoras. De esa forma lo puedes echar directamente al suelo. Lo que no compensa, y por eso no se hace ahora mismo, es transportar los restos de poda a una incineradora y devolver después el biocarbón al campo”, concluye el investigador.

Publicado en Salud

Investigadores universidad de CordobaEl grupo de investigación Viticultura y Enología ‘Vitenol’ de la Universidad de Córdoba ha desarrollado un método para identificar, por primera vez, las proteínas que se encuentran en las levaduras del velo de flor, unos hongos característicos de los vinos finos que se producen en Jerez (Cádiz) y Montilla Moriles (Córdoba). Con esta técnica, los científicos disponen de una herramienta para analizar y posteriormente modificar los genes de los microorganismos que intervienen en la fermentación y en la crianza de estos vinos y así mejorar propiedades como el aroma, el sabor o el color. 

Hasta ahora, los estudios de proteínas en levadura se habían centrado en aquéllas que participan en los procesos fermentativos del pan o la cerveza. La caracterización de las proteínas de levaduras de flor pretende conocer las reacciones bioquímicas, es decir, su metabolismo y la función de estos hongos que otorga su singularidad a los vinos de tipo fino. 

En el artículo ‘Proteins involved in flor yeast carbon metabolism under biofilm formation conditions’, publicado en la revista Food Microbiology, los investigadores han acometido este primer análisis que les permitirá saber, por ejemplo, qué proteínas están asociadas al proceso de generación de alcohol o cuáles están implicadas en la formación de metabolitos –sustancias derivadas de la fermentación- óptimos para el vino. 

“Cuando descubrimos una proteína con una propiedad o función significativa en la maduración del vino, podemos alterar el gen que produce esa proteína y mejorarla de manera que el producto final se vea enriquecido”, indica a la Fundación Descubre el investigador responsable del proyecto, Juan Carlos García Mauricio, de la Universidad de Córdoba.Este proceso de identificación genera una base de datos integrada por más de mil referencias con información sobre la actividad que desarrolla cada proteína. “De esta forma, disponemos de una herramienta para diseñar estrategias efectivas que mejoren la producción de estos vinos especiales”, añade el profesor. 

La formación del velo de florLa crianza del vino bajo velo de flor es un proceso característico de los vinos de tipo fino producidos en las Denominaciones de Origen Protegidas de Montilla-Moriles y Jerez. La formación del velo comienza cuando acaba la fermentación alcohólica, proceso natural por el cual los azúcares del mosto de la uva se transforman en alcohol por la acción de las levaduras fermentativas. A medida que disminuye la cantidad de azúcar, estas levaduras mueren y se depositan en el fondo de los recipientes.Sin embargo, en los vinos de crianza bajo velo de flor, cuando se han consumido los azúcares y la fermentación ha finalizado, se desarrollan otra serie de levaduras que sobreviven consumiendo el alcohol y otros compuestos contenidos en el vino. La reproducción de estas levaduras conduce a la formación del típico velo de flor (biofilm), que cubre totalmente la superficie del vino e impide el contacto de éste con el aire y por tanto, su oxidación. Este velo está permanentemente actuando con el vino. “Las levaduras consumen alcohol pero también otros compuestos como glicerina, prolina y por supuesto el oxígeno disuelto en el vino. Además, dan lugar a otra serie de compuestos. En definitiva van a propiciar, por la acción de su metabolismo, cambios significativos en los componentes del vino y por tanto en sus propiedades organolépticas –sabor, aroma, olor- definitivas”, prosigue el investigador. 

Romper levaduras

La identificación de proteínas se realiza a partir de un extracto crudo de éstas obtenido del interior de las levaduras. Para ello, es necesario romper el hongo, proceso para el que se utiliza una especie de molino (homogeneizador) que agita fuertemente las levaduras en presencia de bolas de vidrio de 500 micras de diámetro. Después se fraccionan en un aparato (OFFGEL) y, posteriormente, se separan e identifican con ayuda de instrumentos de avanzada tecnología que se encuentran en la Unidad de Proteómica perteneciente a los Servicios Centrales de Apoyo a la Investigación (SCAI) de la Universidad de Córdoba. Las aplicaciones de este estudio están vinculadas al campo de la enología. Sin embargo, los investigadores no descartan que los resultados puedan ser utilizados en otras áreas como la medicina. “Al analizar proteínas para determinar su función se puede dar la circunstancia de que dichas funciones pueden ser válidas en campos como la detección o el tratamiento de enfermedades. Lo importante es abrir campos para seguir avanzando en el conocimiento”, concluye el investigador.

Este trabajo forma parte del proyecto de investigación ‘Mejora de la formación de biocápsulas con levadura auto inmovilizada para la elaboración de cava. Estudio proteómico y metabolómico’, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad, Comunidades Autónomas y FEDER.ReferenciaMoreno-García, J., García-Martínez, T., Moreno, J., Mauricio, JC. 2015. ‘Proteins involved in flor yeast carbon metabolism under biofilm formation conditions’. Food Microbiology. (2015) 46. pp 25-33.http://dx.doi.org/doi//10.1016/j.fm.2014.07.001

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El estudio sobre el control de la mosca del olivo “Bactrocera Oleae” realizado por el grupo de investigación AGR 163 ‘Entomología Agrícola’ de la Universidad de Córdoba y del Campus Internacional Agroalimentario ceiA3 que dirige el profesor Enrique Quesada Moraga ha obtenido el III Premio Internacional Castillo de Canena de Investigación Oleícola “Luis Vañó”, que concede la prestigiosa empresa oleícola y la Universidad de Jaén (UJA), en colaboración en esta edición también con la Universidad de California Davis (Estados Unidos).

El trabajo, que lleva por título “Un método eficaz, viable económicamente y respetuoso con el medio ambiente, para el control de la mosca del olivo Bactrocera Oleae”, fue especialmente valorado por el jurado, que integraban 8 investigadores de reconocido prestigio internacional y presidido por el rector de la Universidad de Jaén. En su fallo valoró la relevancia del asunto que aborda este estudio, al enmarcarse en el ámbito del medio ambiente, los tratamientos sostenibles y al tratarse de una temática “de enorme importancia para la producción y calidad de los aceites de oliva como es la mosca del olivo. El trabajo es muy original. Los hallazgos están asentados en los resultados obtenidos durante cuatro años, un período que da consistencia a las conclusiones. La metodología es apropiada y su aplicación al sector es alta”, refleja el acta del Jurado.

El premio, dotado con 6.000 euros, será entregado a los ganadores el próximo 7 de abril en un acto protocolario que tendrá lugar en el Castillo de Canena y en el que se presentará también el trabajo en una publicación bilingüe.

Un problema ambiental

La mosca del olivo, como se denomina comúnmente, es un insecto que puede producir hasta el 40% de pérdida en la producción. Hasta ahora, los agricultores habían empleado insecticidas químicos de síntesis para su control, pero la puesta en práctica de una directiva europea de uso sostenible de insecticidas en 2014 ha fomentado el desarrollo de otro tipo de fitosanitarios. El trabajo desarrollado por el equipo premiado centra su esfuerzo en un hongo como alternativa biológica para derrotar a este invertebrado.

Trabajando en campos de cultivo convencionales, han logrado reducir la densidad de población de la mosca del olivo en un 50% con este sistema de control biológico basado en el uso de un enemigo natural de la mosca del olivo: el hongo Metarhizium brunneum.

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Investigadores de la UCO desarrollan una metodología innovadora para conocer las alteraciones que producen en las células la actividad humana agrícola e industrial

 

Con su capa albina, como la de una bata, el ratón de experimentación es un inquilino habitual de los centros de investigación. Por su carácter sosegado y su parecido genético con el ser humano, es muy empleado en estudios biomédicos. Esa tranquilidad no la tiene su primo el ratón moruno, autóctono de toda la cuenca mediterránea occidental. Los científicos de la Universidad de Córdoba se las han visto para recolectar ejemplares de este pequeño roedor en el Parque Nacional de Doñana y su entorno más inmediato y más para estudiarlos en los laboratorios del campus de Rabanales. Sin embargo, su esfuerzo ha tenido recompensa. Los científicos han desarrollado nuevas técnicas que permiten conocer las alteraciones que se producen en las células de los seres vivos debido a la exposición de contaminantes gracias a estos pequeños roedores, que asumen el papel de bioindicadores en la investigación.

 

Pertenecientes al Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la UCO, los investigadores trabajan desde hace tres decenios en desentrañar la respuesta biológica que diferentes tipos de organismos ofrecen cuando se altera el medio ambiente, desde moluscos bivalvos a mamíferos. Para ello, analizan tecnologías llamadas ómicas, que en los últimos años ha permitido secuenciar genes, estudiar proteínas, analizar los cambios en el ADN y más allá. La más conocida es la genómica, pero en la actualidad se desarrollan técnicas como la proteómica, la epigenómica, la metabolómica y otras, cada vez más precisas y específicas de los cambios que ocurren a nivel molecular y celular. Muchas de ellas se emplean en estudios biomédicos en hospitales y centros de investigación relacionados con la salud humana. El equipo que dirige la catedrática Carmen Pueyo es pionero en su empleo en el campo del medio ambiente.

 

Las células reaccionan a los cambios

La última tecnología empleada por el grupo de investigación, denominada iTRAQ, mejora los estudios cuantitativos de proteínas. Las proteínas son expresadas por los genes y su alteración, si se expresa más o se silencia, permite conocer cómo las células de un organismo se adaptan a un cambio ambiental. Los científicos de la UCO emplearon esta técnica para observar las proteínas dañadas en ratones morunos (Mus spretus) que viven en Doñana y sus alrededores. Tomaron muestras de hígado y riñón de ejemplares capturados en el centro del parque nacional, en una zona de marismas llamada lucio del Palacio, que sirvió de control, y en las proximidades, donde hay actividad humana o agrícola: cerca de la ermita del Rocío en el puente del Ajolí, en la zona de arrozales de El Matochal, por las huertas próximas a Almonte en un paraje del arroyo del Partido, y en la zona fresera en un punto del arroyo de la Rocina. Los investigadores estudiaron en los pequeños mamíferos la expresión de 2.000 proteínas y seleccionaron más de un centenar (118 concretamente) que manifestaban cambios significativos.

 

Las proteínas estaban alteradas en su expresión, o bien se sobreexpresaban o bien se silenciaban. La mayor parte de estos cambios estaba vinculada a respuestas de estrés, a la proliferación y apoptosis, y a modificaciones en el ADN. También se modificaron grupos de proteínas relacionadas con las vías de transducción de señales, el transporte a través de membranas, esto es, en la excreción de partículas nocivas, y en el metabolismo. Donde se producía más contaminación por metales (cobre, hierro, cromo…) debido a la actividad agrícola, las células de los ratones ofrecían mayor respuesta a situaciones de estrés y de depuración de los agentes perjudiciales. “Es una foto de los que ocurre no sólo en ratones, sino en otros seres vivos incluido el ser humano, ya que los mecanismos moleculares son idénticos en todos los organismos”, explica Juan López Barea, investigador del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular. “Estos cambios observados confirman la adaptación de las células de los ratones morunos a los cambios ambientales: tratan de sobrevivir como pueden”, prosigue su compañera Nieves Abril. Los resultados han sido publicados recientemente en la revista científica Science of the Total Environment.

 

Respuesta y alteraciones

Además de que las células respondan con más énfasis al estrés que producen las substancias nocivas o acentúen la excreción de las mismas, se observaron cambios en los mecanismos de muerte celular programada. Las células sometidas a mayor dosis de contaminantes se volvían más proliferantes y alteraban la apoptosis, como ocurre en las células cancerosas. Aunque empleadas en este caso en el estudio ambiental, las técnicas ómicas y sus resultados pueden ser de gran ayuda para estudios biomédicos posteriores.

 

Con este trabajo, los investigadores han transformado al pequeño ratón moruno, de apenas diez centímetros y no más de veinte gramos de peso en el mejor de los casos, en un bioindicador de la contaminación, un sistema para trazar los rastros de residuos industriales y agrícolas como pesticidas en el medio ambiente y en la salud de los organismos. La línea de investigación tiene otra finalidad: “Queremos identificar todos los contaminantes que llegan a Doñana, la joya de la corona de nuestros parques nacionales”, resume Abril. “Aunque haya productos fitosanitarios de uso agrícola prohibidos, no significa que no se hayan dejado de emplear en su entorno y, a través de canales, acuíferos y cursos fluviales, lleguen al corazón de las marismas”, expresa López Barea.

 

Nieves Abril, Eduardo Chicano Gálvez, Carmen Michán, Carmen Pueyo, Juan López Barea. ‘iTRAQ analysis of hepatic proteins in free-living Mus spretus mice to assess the contamination status of areas surrounding Doñana National Park (SW Spain)’. Science of the Total Environment. Volume 523, 1 August 2015, Pages 16–27

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Francisco Jiménez recibe el galardón anual dedicado a los jóvenes investigadores por un trabajo sobre el deterioro del fruto durante su recolección

Francisco Jiménez, investigador del grupo AGR 136 de Mecanización y Tecnología Rural de la Universidad de Córdoba y el Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario ha recibido el premio ‘Joven Investigador’ que anualmente otorga la Sociedad Española de Ciencias Hortícolas. El reconocimiento fue concedido hace unos días por un trabajo sobre la evaluación del deterioro de la aceituna de mesa durante su recolección mecánica. En su investigación, Francisco Jiménez ha evaluado lo que se conoce como “molestado” de la aceituna utilizando mediante espectroscopia y análisis de imágenes.

Según explica el artículo publicado por Francisco Jiménez en la revista Biosystems Engineering, las aceitunas de mesa son el segundo producto más importante del cultivo del olivo con aproximadamente 2,2 millones de toneladas producidas anualmente. En la actualidad la recolección de la aceituna de mesa se realiza principalmente de forma manual. Sin embargo, el elevado coste de la mano de obra, su disponibilidad temporal y el bajo rendimiento de campo genera un reducido beneficio económico al sector olivarero. Por ello, la Organización Interprofesional de la Aceituna de Mesa (INTERACEITUNA) impulsó un proyecto de investigación para la adaptación y mejora de los sistemas de recolección mecanizada en las plantaciones de olivar de mesa mediante el empleo de vibradores de troncos en el que se inserta el trabajo de Francisco Jiménez.

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’Agricultura, Cambio Climático y Secuestro de Carbono’ es el título del nuevo libro del profesor de la Universidad de Córdoba e investigador del Campus de Excelencia Internacional Agroalimentario en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y de Montes (ETSIAM) Luis López-Bellido. Una obra científica que recurre a las últimas investigaciones internacionales para explicar el papel de la actividad agrícola como una herramienta eficaz en la lucha contra el cambio climático.


López-Bellido, catedrático de Agronomía, ofrece datos y pruebas sobre las posibilidades de los cultivos para capturar de CO2 de la atmósfera y retenerlo en formas más o menos estables (biomasa y materia orgánica del suelo). Durante la presentación del libro, celebrada esta mañana en el Rectorado de la Universidad de Córdoba y presidida por el rector, José Carlos Gómez Villamandos, el profesor ha reivindicado el papel de la comunidad científica en el debate sobre el Cambio Climático y la política ambiental, “más allá de alarmismos y argumentaciones poco fundamentadas”.
A lo largo de más de 200 páginas, López-Bellido expone la situación actual del conocimiento sobre el cambio climático y la agricultura y su compleja interacción; abordándose las estrategias tanto para su adaptación ante un posible nuevo escenario, como del importante papel que puede desempeñar esta actividad económica en la mitigación de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero. En este último aspecto se incide sobre la importancia del secuestro de carbono por los suelos agrícolas y los potenciales beneficios ambientales y económicos que pueden reportar aquellas prácticas agronómicas que lo incrementen. El libro se estructura en 5 grandes capítulos: (I) Los Gases de Efecto Invernadero y el Cambio Climático; (II) Agricultura y Cambio Climático; (III) Agricultura y Secuestro de Carbono; (IV) La huella de Carbono en la Agricultura; y (V) Casos de Estudio: Balance y Huella de Carbono en Sistemas Agrícolas.
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app para calcular la produccion de uvaPermite, sin entrar en la parcela y sin destruir ningún racimo, calcular la producción

Un grupo de investigadores de la Universidad de La Rioja, en colaboración con empresas del sector vitivinícola, ha desarrollado una aplicación para teléfonos móviles que permite predecir el volumen de cosecha de uva de una parcela. La aplicación denominada "vitisFlower" determina el número de flores de las vides que hay en una parcela y, a partir de ese dato, junto a otros, elabora una predicción de cosecha, ha explicado la universidad riojana en un comunicado. La app ha sido desarrollada por el grupo de investigación "Televitis" de la Universidad de La Rioja en colaboración con cuatro empresas del sector vitivinícola (ActyLab, Hostaler I, Florentino Martínez y Bodegas Virgen de la Vega) dentro del proyecto Vinetics.

      La aplicación, asegura la universidad, es una de las primeras a nivel mundial que facilitará el trabajo de los técnicos vitícolas.

     "VitisFlower" emplea un nuevo algoritmo, basado en técnicas de visión artificial, que permite que la aplicación determine el número de flores que tiene la inflorescencia (el racimo antes de la floración) a partir del análisis de una fotografía obtenida por un teléfono móvil

     Con esta herramienta se puede calcular el número de flores de toda o parte de la parcela y, por lo tanto, disponer de un indicador precoz del tamaño del racimo. Disponer de esos datos es importante para los viticultores, para adoptar decisiones como el "aclareo" de racimos (el vendimiar en verde para favorecer la calidad de la cosecha) o la distribución de parcelas según su rendimiento.

Ya se empezará a utilizar esta misma campaña en viñedos de la DOCa

 

      El Grupo Televitis de la Universidad de La Rioja utilizará esta innovadora herramienta en numerosos viñedos de la Denominación de Origen Calificada Rioja esta misma campaña 2015. La aplicación ya está disponible, de forma gratuita, en la plataforma "Play Store" para teléfonos inteligentes con sistema operativo Android.

      El responsable de la investigación, Javier Tardáguila, ha asegurado que esta aplicación supone "un hito en la historia de la viticultura" y "un verdadero ejemplo de transferencia de la investigación en la universidad a un sector económico".

     Después de tres años de trabajo, ha detallado, han logrado una herramienta que "por primera vez, sin entrar en la parcela y sin destruir ningún racimo" puede ofrecer "cuatro meses antes de la cosecha", indicadores de "cómo será la producción y de la compactación de los racimos".

     "Hasta ahora", ha detallado, esas labores se hacían "de forma manual, por intuición y destruyendo algunos racimos", algo que puede superarse con esta nueva aplicación

Fuente..- Agroinformacion.com

Publicado en El Vino

Uco acuerdo asajaLa Universidad de Córdoba y la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores de Córdoba (Asaja) han suscrito un convenio de colaboración que propiciará el trabajo conjunto de ambas entidades en el desarrollo de actividades científicas, técnicas, culturales y académicas.

El documento, firmado por el rector de la UCO, José Carlos Gómez Villamandos, y el presidente de Asaja Córdoba, Ignacio Fernández de Mesa, recoge diferentes modalidades de colaboración entre las partes que se desarrollarán a través de acuerdos específicos.

Entre las acciones recogidas en el acuerdo, se contempla la ejecución de proyectos y programas de investigación, culturales y académicos a realizar en los departamentos de la Universidad o en las instalaciones de la Asaja; la prestación de servicios técnicos, el asesoramiento mutuo en cuestiones relacionadas con la actividad de ambas entidades; la cooperación en programas de formación de personal; la organización y ejecución de actividades comunes relacionadas con la promoción social de la investigación, el desarrollo tecnológico y la cultura; el intercambio de personal por tiempo limitado y cuantas otras sean consideradas de interés mutuo.

Una comisión mixta integrada por dos representantes de cada parte velará por el cumplimiento y seguimiento del acuerdo que tendrá una vigencia de tres años renovables por periodos iguales de tiempo por acuerdo tácito de ambas entidades.